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Nuestra modelo Josefina no se resiste a Martin de Ridder. Nótese el teclado con las teclas en rojo, un primor.
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Buenas alfajómanos, quiero decirles que la idea de algunos que pidieron un buscador es genial. Lamentablemente mis conocimientos de HTML son paupérrimos, por lo que sé que si lo incluyo no quedaría muy bien y no sería práctico. Si alguno se anima y me da una mano hachetemeleística lo sabré agradecer (quizás con alfajores).
Edito: gracias a Krocita ya puse un buscador al costado de la página, espero lo usen!
Por suerte tengo mucha gente que continuamente colabora con mi blog cuando las ideas se van al tacho. Entre ellas una de las más conspicuas alfajómanas de este continente, la señorita Josefina. Ella me viene recomendando hace un largo rato que pruebe un alfajor de maicena que según su visión supera todo lo conocido: es artesanal y tiene el sanisidrense nombre de "Martin de Ridder", tipo que ná, ¿viste?. Me imagino un rugbier bajando de su BMW con ese nombre.
Ayer ni bien salí de un recinto de cine ubicado en Recoleta, me dispuse a buscar dicho espécimen en una estación de servicio específica que Josefina me aseguró que los encontraría. Esto fue así debido a que todos mis intentos por encontrar alguno en la zona en la que vivo fueron infructuosos, así que fui directo a dicho lugar. Busqué un rato dentro del kiosko de la estación, sólo por el orgullo de encontrarlo yo y para no pasar la vergüenza de que el muchacho que atiende me mire y me diga "acá" con cara y tono de decir "¿no los ves pedazo de pelotudo?". No digo que siempre lo hagan, pero suelo tener la sensación todo el tiempo que a mí me pasa cuando hago ese tipo de preguntas.
Es así como conseguí dos ejemplares de un mismo tenor (o soprano, no sé un corno de opera) .Como ya dije anteriormente a la hora de comer un alfajor de maicena hay que tener en cuenta que los mejores del mundo son los que hace mi vieja, es un hecho científico y comprobado por toda mi familia. Todos los que vengan luego estarán por abajo así que tengan ese dato en cuenta. Pasaré por alto la cuestión del packaging ya que al ser producto artesanal estas cuestiones no importan demasiado. Solo para decir algo es que el mismo es semitransparente por lo que ya podemos saber con que nos encontraremos al menos visualmente.
Lo primero que llama la atención a la vista es que son más chatos y a la vez más anchos que los alfajores de maicena tradicionales, con un tamaño más cercano a los típicos alfajores simples que comemos día a día. Las tapas son de un amarillo claro, mientras que la capa de dulce de leche se nota de forma pareja y abundante en medio de ambas. Al morder nos encontramos con la primer sorpresa: las galletitas no sólo son sumamente suaves sino que además no generan esas excesivas y molestas migas que suelen desplegar los alfajores de maicena típicos. El sabor de las galletas es ligeramente dulce y no invasivo, conjugándose de forma armoniosa con la verdadera estrella de la función: el dulce de leche.
El dulce invade nuestro paladar de una manera efectiva y sin concesiones. Es de una consistencia sumamente cremosa, con lo cual no tenemos chances de manchar nuestros dedos y se deshace de forma casi imperceptible en nuestra lengua. Posee una dulzura justa y un ligero toque de sabor vainilla que nos fuerza y nos lleva a morder otra vez para que el incontenible sabor nos ataque en pequeñas pulsaciones. Al morder nuevamente confirmamos lo que la primera mordida nos dijo: este alfajor es increible.
Debo agregar que pasa tranquilamente lo que denomino "la prueba seca", es decir que un buen alfajor de maicena puede ser consumido sin la ayuda de ningún líquido para ser disfrutado. Sabemos que la extrema sequedad de algunos ejemplares hace que los mismos nos queden atrapados en la garganta causando algo similar a una asfixia y si no los pasan un vaso de agua o un litro de kerosene podemos morir en la experiencia. No pasa esto con los Martin de Ridder, por lo cual es una excelente opción para aquellos que pasen cerca de cualquier estación de servicio ESSO de la Capital Federal. El sabor queda durante un largo rato en el paladar y no caen pesados, pero debo decir que algo que extrañé es el coco rallado alrededor del mismo. Para mí todos deben tenerlo, y sólo por eso le bajo medio punto, pero sin duda la alfajómana Josefina no exageraba, este ejemplar es digno de ser degustado y merece nuestros elogios.
Es por esto que:
Lo bueno: el relleno dulce de leche es simplemente orgásmico.
Lo malo: no tiene ralladura de coco
Calificación final: 4,5 alfajores sobre 5.
Y como bonus track les dejo la crítica que nos envió el alfajómano Alfredo Mercurio hace un par de meses sobre el más que famoso CAPITAN DEL ESPACIO, uno de los alfajores más mencionados por los lectores de este blog y cuyo artículo ocasionó tanto revuelo en su momento debido a su alto contenido de sexo explícito e imágenes demoníacas que pueden ser vistos cliqueando aquí.
Buenas tardes amiguetes, tengo ante mí un mito viviente de la golosinería argentina. Un alfajor que guarda la mística de la zona sur del conurbano bonaerense. El orgullo del pueblerino que centra gran parte de su identidad en algún producto zonal, tal como el tandilense hace con los salamines.
El Capitán es casi un monopolio de la infancia por esos lares. Don Angel Pascalis supo ser un gran pez en un pequeño estanque en lugar de ser uno pequeño en el océano de la gran ciudad.
Nadie que haya vivido su infancia en esa zona puede omitir su existencia. Es más, no puede dejar de hacer una publicidad compulsiva e inconsciente frente a cualquier otro producto foráneo.
"El mejor alfajor que hay" dicen casi como autómatas... desconociendo la obvia supremacía que tienen obras maestras como Havanna, Cachafaz o Minitorta Aguila. Así es el orgullo del pueblerino, que puede confundir a su interlocutor si este decide creer lo que le dicen al pie de la letra. Muy común es ver gente decepcionada con este alfajor debido a haber creído tanta alharaca publicitaria pero a mí me pasó todo lo contrario. Soy un tipo huraño y desconfiado... qué le vamos a hacer... nunca me creí todo esto y realmente pensaba que iba a estar frente a un alfajor de la talla de un Guaymallén o un Tatín, pero debo reconocer que yo venía con el dato posta: el triple le pasa el trapo al simple.
Primera impresión: packaging simplón, plástico metalizado de color dorado y el clásico dibujito del capitán que por cierto, está bastante mal estampado.
Segunda impresión: muy positiva. El alfajor es mas grande que el promedio. Con sus 80 gramos se acerca al podio de los mas grandes donde están el Fantoche y el Jorgelín.
La cobertura de chocolate es de repostería pero abundante y hasta le da una cierta crocancia, ínfima, pero poco común en los alfajores con este tipo de baño.
La masa de las tapas es muy tierna, se siente fresca, como recién hecha. El sabor es suave y no se siente el sabor químico habitual en los alfajores económicos. No se desmigaja tanto como uno creería en una masa así.
El relleno es de un dulce de leche común y corriente de repostería que uno podría comprar en el súper. Es demasiado blando, haciendo juego con la masa. La altura del relleno ronda los 4 milímetros, lo cuál pone a este alfajor en una muy buena posición. Deja la sensación de haberse comido un cacho de bizcochuelo con mucho dulce de leche y el sabor dura un buen rato, pero posiblemente deje un empalagamiento que no nos haga desear otro, al menos en el corto plazo.
Entonces... ¿es un alfajor berreta? Para nada. La campaña boca a boca, la ausencia total de publicidad, el desinterés de la fábrica para expandir su mercado y un packaging de cuarta le dan un aura de alfajor de masas, pero cuando vamos al quiosco (¿o es kiosko?) lo terminamos pagando igual o tal vez un poquito menos que a un Milka de dulce de leche, lo cuál lo pone en el segmento de costos de alfajores premium.
La falla de este alfajor entonces, es que es bueno indudablemente, pero vale lo mismo que otros alfajores de mejor calidad. Aunque es una buena opción cada tanto para aquellos a los que, como a mí, les gusta variar la marca y no comer siempre el mismo.
Lo mejor: la masa, el tamaño y el relleno abundante
Lo peor: el packaging, el precio y el fanatismo de sus consumidores acérrimos.
Calificación: 3,5 alfajores sobre 5.
Saludos alfajoriles para todos!
PD: tengo que volver a conseguir un alfajor que hace un tiempo consumía pero de repente desapareció: el Cadbury triple extra dulce de leche. Una maravilla.
Como ven no todos opinan que el Capitán es el mejor alfajor del mundo. Pero para eso esta este espacio de pura y colectiva reflexión alfajológica.
Benditos sean aquellos que conocen la verdad de la redondez.