Aciágos días son estos para aquellos seres humanos de bien que amamos los tiempos frescos y tenemos la suerte (o desgracia) de vivir en la Capital Federal y sus alrededores. Por algún extraño designio de vaya a saber uno que mente superior parece que el mes de abril no se enteró que está en otoño y nos está entregando todos los días unos "divertidísimos" 30º de temperatura. Como bien sabe todo alfajómano de ley, no es esta una temperatura apta para disfrutar correctamente de nuestro vicio favorito de devorar ingentes cantidades de redondeles alfajorísticos. No señor.
Pero no es sólo esto lo que me rompe soberanamente los testículos. No podemos rajar (por ahora y mejor no demos ideas) a ningún jefe de gobierno, alcalde, intendente, o quien carajomierda (gracias Mirtha) esté a cargo debido a que la temperatura no es la adecuada para la época del año. Lo que más me provoca escozor en las gónadas son las absurdas y cuasi demenciales conductas del porteño medio cuando la temperatura baja un par de grados. Es así como vemos que frente a la mortal cifra de 16-18º el porteño medio tiende a tirarse medio guardarropas encima. Buzos, poleras, camperas, ¡¡¡guantes!!!, ¡¡¡bufandas!!!!y demases aparecen ipso facto para la dura tarea de enfrentarse a la nueva era glacial y a las duras ventiscas capitalinas del mes en curso. Sabemos que año a año millones de personas que mueren en las avenidas capitalinas por tan inhumano clima.
Me pueden decir que cada uno siente distinta la temperatura y frente a eso no puedo decir nada, ya que tienen razón. Sin embargo por más que intente no voy a entender jamás de los jamases a aquellos cuasi humanos que viajan conmigo en el subte linea B día a día. En el tunel del subterráneo el calor se concentra en cantidades absurdas y se podría decir que hasta que no hace frío de verdad (como en los meses de junio-julio) éste no se va del todo. Cuesta entender que en esta situación la gente opte por vestirse con gruesas camperas, tapados y horripilantes pulóveres que harían sufrir de calor al mismísimo Yeti.
Pero lo que más me desconcierta es la existencia de algún subnormal que en pos de que los pasajeros viajemos de la peor manera posible, amén de viajar ensardinados, cierra TODAS LAS PUTAS VENTANAS de casi todos los vagones. Que este hijoderecontradiezmilvagonescargadosdeprostitutasconsifilis haga eso es una cosa, pero lo más cómico es ver a muchos pasajeros que, como yo, están al borde del sofocamiento pero no son capaces de mover siquiera el último músculo del upite para bajar las ventanas del subte. O las típicas señorasviejaschotasdelorto que empiezan a bufar, hablar en voz alta y quejarse de lo mal que se viaja pensando que con eso ahi donde no la escucha ni el más insignificante empleado del subte podrán cambiar algo. Por eso este blog quiere empezar la campaña "NO AL CIERRE DE VENTANAS EN EL SUBTE B", por lo que ya saben queridos acólitos, si ustedes ven una situación así en el vagón en el que viajan hagan un favor y traten de ventilar un poco, nadie pero nadie se va a morir de frio cuando afuera hay 20º, no jodamos. Y si alguien se queja....apliquen el famoso cortito de Karadagián, que por algo fue famoso.
No es sólo eso de los que vengo a hablarles hoy. Como bien adelanté hace unos días la review del día está dedicada a un alfajor salido hace muy poco al mercado y que varios alfajómanos a través de mensajes me pidieron que critique. Estamos hablando del alfajor Vauquita, mismo nombre que tiene la casi diría mítica golosina que hace años viene haciendo las delicias de muchos alfajómanos y kioskómanos. Dicha golosina esta hecha casi integramente con dulce de leche, por lo que la empresa que la elabora decidió apoyarse en dicho maravilloso elemento para diferenciarse de los demás alfajores. Y es así como el packaging nos promete patearnos directamente en las encías con la frase "Super dulce de leche". Veamos si esto es así.
Primero llama la atención del packaging no sólo la frase anteriormente dicha, en letra muy grande sino además su color amarillo furioso, y un dibujo de un alfajor al que le cae una gran cantidad de leche encima. Al abrir el mismo nos encontramos con un alfajor de tamaño más que respetable, de dos tapas pero que parece de tres por su altura. El baño de repostería es de un color marrón muy oscuro y con esas vetitas en la superficie que tanto me gustan. Al morder nos damos cuenta que no es joda lo que promete. Este alfajor tiene MUCHO dulce de leche, de una consistencia sumamente cremosa que hace que se estire cual muzzarella sobre una pizza. Su dulzura esta también en el punto justo y tiene el toque de gusto a vainilla que tanto me gusta. Impagable. Sin duda es el punto fuerte de este alfajor y por el cual lo recordaré mucho tiempo.
El baño de reposteria tiene un gusto de cacao amargo y viene en una cantidad abundante. Las galletitas son de color marron, de un sabor suave y que no ocasionan excesivas migas. Lo único que puedo objetarle a este producto es que es recomendable acompañarlo con algo para beber ya que la consistencia de sus ingredientes hace que sea difícil de digerir. Este mismo factor hace que también caiga bastante pesado por lo que tras consumirlo sentiremos en nuestro estomago algo parecido a un mamut durante unos minutos. Pero también es de destacar que el sabor dura un buen rato por lo que dichos momentos son más que interesantes. Con todo esto no queda más que decir que:
Lo mejor: el super dulce de leche!!
Lo peor: cae un poco pesado.
Calificación: 4 sobre 5
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Pero lo que más me desconcierta es la existencia de algún subnormal que en pos de que los pasajeros viajemos de la peor manera posible, amén de viajar ensardinados, cierra TODAS LAS PUTAS VENTANAS de casi todos los vagones. Que este hijoderecontradiezmilvagonescargadosdeprostitutasconsifilis haga eso es una cosa, pero lo más cómico es ver a muchos pasajeros que, como yo, están al borde del sofocamiento pero no son capaces de mover siquiera el último músculo del upite para bajar las ventanas del subte. O las típicas señorasviejaschotasdelorto que empiezan a bufar, hablar en voz alta y quejarse de lo mal que se viaja pensando que con eso ahi donde no la escucha ni el más insignificante empleado del subte podrán cambiar algo. Por eso este blog quiere empezar la campaña "NO AL CIERRE DE VENTANAS EN EL SUBTE B", por lo que ya saben queridos acólitos, si ustedes ven una situación así en el vagón en el que viajan hagan un favor y traten de ventilar un poco, nadie pero nadie se va a morir de frio cuando afuera hay 20º, no jodamos. Y si alguien se queja....apliquen el famoso cortito de Karadagián, que por algo fue famoso.
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Primero llama la atención del packaging no sólo la frase anteriormente dicha, en letra muy grande sino además su color amarillo furioso, y un dibujo de un alfajor al que le cae una gran cantidad de leche encima. Al abrir el mismo nos encontramos con un alfajor de tamaño más que respetable, de dos tapas pero que parece de tres por su altura. El baño de repostería es de un color marrón muy oscuro y con esas vetitas en la superficie que tanto me gustan. Al morder nos damos cuenta que no es joda lo que promete. Este alfajor tiene MUCHO dulce de leche, de una consistencia sumamente cremosa que hace que se estire cual muzzarella sobre una pizza. Su dulzura esta también en el punto justo y tiene el toque de gusto a vainilla que tanto me gusta. Impagable. Sin duda es el punto fuerte de este alfajor y por el cual lo recordaré mucho tiempo.
El baño de reposteria tiene un gusto de cacao amargo y viene en una cantidad abundante. Las galletitas son de color marron, de un sabor suave y que no ocasionan excesivas migas. Lo único que puedo objetarle a este producto es que es recomendable acompañarlo con algo para beber ya que la consistencia de sus ingredientes hace que sea difícil de digerir. Este mismo factor hace que también caiga bastante pesado por lo que tras consumirlo sentiremos en nuestro estomago algo parecido a un mamut durante unos minutos. Pero también es de destacar que el sabor dura un buen rato por lo que dichos momentos son más que interesantes. Con todo esto no queda más que decir que:
Lo mejor: el super dulce de leche!!
Lo peor: cae un poco pesado.
Calificación: 4 sobre 5




