La cuestión central de esta pequeña introducción es que quiero celebrar el comienzo de la mejor época del año para todo el que disfrute de comer una golosina en la calle o en la plaza: el otoño y el invierno. Si bien en estos días el frío no se está haciendo sentir con todo pero lo bueno es que las noches refrescan lo suficiente como para poder salir con una campera o abrigo liviano y no tener que volver al hogar todo transpirado y sucio. Ya lo dije hace mucho: el calor es tercermundista, el frio no. Caminar por Buenos Aires sintiendo el frio del invierno en mi cara me hace sentir temporariamente en un país de primer mundo, si bien esa realidad se termina ni bien se me acerca algún delincuente a pedirme un "peso pa'la birra" o veo algún simulacro de hombre pasar con un auto tuneado escuchando a volumen inhumano reggaeton y/o cumbia, géneros musicales aún más inhumanos para cualquier persona con un 0,0001% de buen gusto.
Otro de los flagelos del tercer mundo es observar la gran cantidad de porteños que en estas épocas pre mundial están hipotecando el futuro de sus hijos, nietos y bisnietos para comprarse un LCD de 296 pulgadas que soporte "Full easy HD USB KGB eapepepe CGT" de 8000x89908 lineas. Lo cómico de todo esto es que estos maravillosos aparatos son luego utilizados para ver diariamente Bailando por un sueño, los programas de chimentos de la tarde o, áun más cómico, se usan para ver películas compradas por 5 pesos a un chabón con una mantita en el suelo, filmadas en cine, con sonido ambiente y doblaje español ibérico. "Se ven igual que las originales papá" o "total es pa' los pibes, pa' que no jodan" nos dirá el porteño medio pelo mientras usa un escarbadiente para sacarse los últimos resquicios de mondongo y lee la revista Pronto. En fin.
Es por eso que hoy estoy muy contento en volver a hacer una review de un nuevo sabor que la gente de Arcor nos brinda a los alfajómanos enfermos, el Águila relleno con mousse de limón y dulce de leche. Debo reconocer que me resultó muy difícil encontrarlo de nuevo en los kioskos, es por eso que ni bien lo conocí me agencié de uno exclusivamente para esta review, como todo lo que hago en este blog, lo hago por mis alfajómanos.
El packaging como pueden apreciar en la foto, mantiene los colores y la estética de la marca cambiando solo el gráfico frontal adaptándolo al nuevo sabor y con un cartel amarillo que dice "NUEVA". Recordémos que para tratar de diferenciar a este alfajor lo hacen llamar "minitorta", de ahí el adjetivo femenino, aunque ya lo hemos dicho mil veces esto es un alfajor hecho y derecho y se confirma al leer la letra chica del envase. Cliqueen en la foto para verlo más grande si no me creen.
El alfajor mantiene el tamaño de un triple al que estamos acostumbrados, viene bañado en un exquisito chocolate con leche que tiene un grosor justo, sin duda podríamos pedir más pero así como está ya es bueno. Consta en su interior de 3 galletas de color amarillo claro y de sabor vainilla con un toque de esencia de limón, las cuales no generan migas en exceso y son esponjosas. El relleno tiene dos capas, una de un cremoso y exquisito dulce de leche, y la otra capa es del mousse de limón de color blanco que es interesante pero a mi parecer contiene un cierto exceso de dulzura. La mezcla de ambas capas de relleno más el exceso de gusto a esencia de limón hacen que el matrimonio no sea del todo feliz. Quizás las expectativas de probar un nuevo sabor de Águila fueron muy grandes al ser una de mis marcas favoritas, pero debo reconocer que este nuevo alfajor no me cautivó, es decir, es rico, está bien en su sabor pero si me dan a elegir sin dudas elijo la minitorta tradicional o el de sabor brownie. Con esto no queda más que decir que mi puntaje es:
Lo bueno: el baño de chocolate con leche real.
Lo malo: un exceso de sabor a limón.
Calificación: 3,5 alfajores sobre 5.


