Por último les dejo la nota que me pidieron para Planeta Joy sobre lo que yo creo que es un mito: la cuestión sobre si el famoso Capitán del Espacio es el mejor alfajor de la historia o no. Para que me puteen tranquilos aquellos que no entienden lo que escribí dejo este espacio abierto para que me digan todo lo que tienen que decir. Como siempre, al hablar de gustos, si uno no arranca su razonamiento con un "para mi", cualquier cosa que digan (más si va seguida de insultos) no tendrá demasiada validez.
Salud y alfajores para todos!!
Desterrando el mito del Capitán del Espacio
El Capitán del Espacio. Tras este nombre sencillo, disonante y que podríamos tildar casi de ridículo se esconde una curiosa historia de anti marketing, mito y fanatismo pocas veces visto hacia algo tan sencillo y mundano como un alfajor. Esta historia llamó la atención en los últimos años de todos los amantes de las golosinas en general y de los alfajores en particular. Internet, el lugar más propicio para que se propaguen leyendas, mitos y leyendas colaboró en gran parte a cimentar con fuerza el misticismo alrededor del Capitán y sirvió para que muchas personas que no tenían ni idea de su existencia se encargaran de buscar lo que para muchos es el “Santo Grial de los alfajores”.
Los alfajores Capitán del Espacio (en adelante CDE) son producidos en una fábrica ubicada en un alejado barrio del partido de Quilmes, en la calle Gran Canaria 350, la cual trabaja desde hace años en su máxima capacidad y vende la totalidad de su producción. Los mismos son distribuidos en casi todas las estaciones de tren de la zona sur y kioscos aledaños, con poca o nula llegada a Capital Federal, lo cual hace que sea el orgullo de los que viven en dicha zona, que se sienten una parte fundamental del éxito y la fama de los CDE.
Para sumarle aún más misticismo a la cuestión la empresa pertenece a un señor mayor llamado Angel Pascalis, el cual no brinda notas ni le interesan las relaciones públicas, manteniendo un hermetismo total alrededor de su producto estrella. Esto hizo que el único método de publicidad (previo a Internet claro está) haya sido el viejo y querido “boca en boca” que hizo que su fama se extendiera allende las fronteras de la zona sur y que se convirtiera en el alfajor más buscado por los porteños en los kioscos del centro y microcentro de la ciudad de Buenos Aires, como si se tratara de alguna joya perdida de un templo maya o de un manuscrito de un tema inédito de los Beatles.
Dicho esto, desde Planeta Joy proponemos desterrar el mito que rodea a este alfajor. Admitimos que su historia es simpática, llamativa y casi épica pero la realidad concreta es que, como alfajor, a muchos de los que amamos esta golosina no sólo no nos parece el mejor sino que además nos parece del montón.
Para justificar mi juicio de valor vamos a centrarnos en analizar el más famoso y buscado, el CDE triple negro. El mismo posee una galletita blanda bastante agradable con un ligero gustito a cacao amargo, con un gusto que no abusa de los saborizantes artificiales típicos de los alfajores de segunda línea, lo cual es de agradecer. El relleno es uno de sus puntos débiles por una cuestión puntual: la cantidad de dulce de leche es escasa a mi parecer, lo cual hace que pierda puntos frente a otros alfajores que poseen cantidades mayores. El segundo punto crucial para mí valoración tiene que ver con la cobertura del alfajor: contrariamente a lo que la mayoría de sus fans piensan el CDE negro no está bañado en chocolate, sino que posee lo que se ha denominado “baño de repostería”, el cual es mucho más barato y de calidad netamente inferior que el primero ya que la grasa de cacao es sustituida total o parcialmente por aceites vegetales. Para finalizar puedo decir que cuando uno termina de comer un CDE la boca no queda grasosa ni pastosa (algo muy común en los alfajores baratos) pero por otro lado, el sabor no persiste por demasiado tiempo y ciertamente caen algo pesados.
En definitiva estas cuestiones me hicieron decidir que los CDE distan un trecho de ser mis favoritos. Sin embargo sus fans siguen defendiéndolos y se escudan en otra gran falsedad: su bajo precio. Muchos kiosqueros avaros se valen de la alta demanda y la dificultad para conseguirlos y no tienen empacho en cobrar un CDE casi al mismo precio que un alfajor de primera línea como puede ser un Havanna o un Cachafaz. Otra cuestión que no es menor discutir, aunque no atañe directamente a los CDE, son sus fanáticos. Como dijimos anteriormente son en su mayoría de la zona sur y al encontrarse con la “triste” realidad de que hay mucha gente a los cuales los CDE les parecen, con suerte, unos alfajores “normales” se convierten en bestias furiosas similares a cualquier barrabrava de un club del ascenso luego de que le anulen un gol de victoria en el último minuto. Y como tales no oyen ni aceptan otra opinión que no sea la suya y creen que todo aquel que no opine como ellos merece ser quemado en la hoguera. Sépanlo bien: nos tienen hartos con su falta de tolerancia hacia el gusto ajeno.
Soy consciente de que esta nota va encender la mecha de la polémica y por las dudas, contraté un guardaespaldas y le puse varias alarmas a mi casa, pero me debo a los alfajómanos que me siguen y mi idea es que cada uno opine lo que quiera sin que los demás se enojen. Lo que YO opino (y lean bien el YO, es mi opinión personal, no es la verdad definitiva) es que el CDE es simplemente uno de los tantos buenos alfajores que por suerte existen en Argentina, pero no más que eso. Por más que sus fans se esmeren en insultarme y tildarme de ignorante, puedo decir sin ningún temor que a la hora de elegir alfajores mi preferencia apunta a veredas distintas, en las cuales el Capitán está solo de paso.

