jueves, febrero 23, 2012

Reviews alfajómana del lector Alfajor Popularrr 2da parte

Hoy seguimos con la segunda parte de las aventuras por tierras uruguayas del alfajómano apodado Alfajor Popularrr (valga la redundancia) que habíamos comenzado unas semanas atrás. Sin más preámbulos los dejo con este relato casi mágico y lisérgico.

El alfajor, un debate filosófico

Así como es sabido que el fútbol es mucho más que un juego, mal que le pese al Cieguito Escritor (que nunca vio jugar a Maradona), el alfajor es mucho más que una golosina. Es un puente hacia una dimensión superior en nuestras vidas. Como el arte, sin ir más lejos. Y es un vehículo para dar debates filosóficos de gran envergadura. Detrás de cada disyuntiva alfajorera se esconden concepciones de la vida y el universo opuestas. ¿Relleno de dulce de leche o mousse? ¿Alfajor más bien blando o duro? ¿Es el alfajor de fruta un alfajor? ¿Y el de arroz? ¿Con qué bajar el alfajor de maicena? ¿El coco rallado suma o resta? Y podría seguir por horas…

Una discusión de ese calibre se dio en un estupendo asado que tuve la suerte de compartir en Villa Argentina. La cuestión era cuál era el alfajor distintivo de la Banda Oriental para llevar al otro lado del charco como presente. Descartando de plano los alfajores industriales, en cuyo campo la superioridad argentina es indiscutible (ojo, según los propios uruguayos), la disputa se restringía al ámbito de los alfajores artesanales. Y ahí no tardaron en saltar esas dos palabras que habían quedado flotando en mi cabeza: Agua Helada. La platea se dividía entre sus defensores y sus detractores, que señalaban, entre otros, al Sierras de Minas como su candidato. Me quedaban pocas horas en tierras orientales. Las suficientes, por suerte, para hacerme de un exponente de cada marca y poder completar la presente crónica. 

La terminal de Tres Cruces, en Montevideo, tiene esa onda medio shopping y varios kioscos abiertos desde temprano. Me acerco a uno de ellos y me doy el gusto de pedir no uno sino dos alfajores al mismo tiempo. Al pedir el Agua Helada, la kiosquera me pregunta qué variedad quiero. Entre la de maní, la de maicena y alguna más, me quedo con la que lleva el nombre de Yo-Yo, cautivado por su lúdica denominación. El Sierra de Minas no anda con tantas vueltas y ofrece una variedad de chocolate.

Arranco por el Agua Helada, haciendo tiempo para tomar el ómnibus de regreso a casa. Un cafecito sin azúcar, para no arruinar el maridaje, completa el desayuno. Este alfajor, cuyo nombre merece una investigación aparte que quién sabe si podremos concretar algún día, sorprende de entrada con su tamaño. Si el Cadbury o el Marley están en los 70 u 80 gramos, este debe andar por lo menos en los 150, porque tiene el doble de tamaño. Un verdadero tanque. 

Tuve que buscar una foto en la interrrnés porque perdí el paquete…

La cobertura de chocolate alcanza sólo para la galleta (me da cosa decirle “galletita”) superior, dejando la de abajo al descubierto. Las galletas resultan ser un bizcochuelo claro y suave, más parecido al de una torta que al de un alfajor propiamente dicho. El dulce de leche es rico y viene en una cantidad aceptable, pero no vendría mal un poco más para hacerle frente a semejante bicho. Si bien no es algo que atosigue la garganta como el Cachafaz de Maicena (que insisto en que todavía ostenta el título de “La Experiencia Extrema en Alfajores”), no deja de hacerse un poco largo, como la última parte de El Señor de los Anillos, que tiene como 5 capítulos al pedo. En conclusión:

Lo bueno: el tamaño. Se banca solito un desayuno.

Lo malo: le hace falta más dulce de leche para tamaño bizcochuelo.

Calificación: 4,5 alfajores sobre 5


Horas después, cuando el bagre de la media mañana empieza a picar en la paqueta terminal portuaria de Colonia, le toca el turno al Sierra de Minas. Con una onda bien artesanal, nos encontramos con el problema inicial del packaging, que cuenta con un embalaje al vacío de papel celofán transparente; una segunda etapa de papel de arroz, con el logo de la marca; y un ya exasperante papel manteca que envuelve un alfajor de tamaño considerable, aunque lejos del mastodóntico Agua Helada. 

Debo decir, asumiendo el riesgo de ganarme alguna puteada de los hinchas del Sierra de Minas, que no encontré gran diferencia con el Agua Helada. Un baño de repostería símil chocolate que no cubre del todo unas galletitas igualmente parecidas a un bizcohuelo; y un relleno de dulce de leche correcto pero que tampoco se destaca demasiado. La etiqueta dice ser “El primer alfajor del país” (IN-COM-PRO-BA-BLE, diría un amigo…), por lo que le tendremos que dar la derecha a la hora de resolver la disyuntiva sobre cuál es el alfajor con personalidad propia y cual el imitador. En fin…
El Sierra de Minas y su incómodo embalaje en tres etapas

Lo bueno: nada en particular. Es bueno en general. Los ingredientes parecen de buena calidad.

Lo malo: ¡ese envase está hecho por el enemigo!

Calificación: Sus hinchas me van a matar, pero un 4 alfajores sobre 5 (baja un poco por el tamaño menor en comparación con el Agua Helada)

Volviendo al pago, ritornando allo stipendio, es hora de sacarle una foto a cada paquete y sentarse a escribir, antes de que el recuerdo se nos borre del todo. Así termina esta crónica alfajorística por tierras orientales. ¡Hasta la próxima, amiguitos! Y recuerden: el mundo es redondo, y de ricot… digo, como un alfajor.

lunes, febrero 13, 2012

¿Cómo no me llamaron Revista Viva?



"el alfajor esa de esas maravillas culinarias que tienen seguidores, tribus y hasta un lord que saltó de internet a la televisión contando las bondades de una pasión dulcera que no conoce límites (Lord de los alfajores, YouTube es fiel testigo)"
Revista Viva, 12/2/2012, pag 36, "Mundo Alfajor".

Y así y todo no me llamaron para la nota, lo llamaron a Osvaldo Gross "el Messi de los pasteleros". Estuvieron flojos muchachos de revista Viva, me hubieran pegado un llamadito para aparecer. Espero que en próximas notas me contacten, ya me van a venir a pedir que les escriba una nota....

(es todo mentira lo que dije arriba gente de Viva, muero por aparecer en su revista)

Igual...estuvieron flojos...



viernes, febrero 03, 2012

Reviews alfajómanas, hoy expone Alfajor Popularrr

En estos días aciagos somo muchos los que no tenemos más remedio que trabajar duramente en la Capital Federal, mientras otros se cocinan al sol en las playas bonaerenses y de la costa oriental. Uno de ellos es uno de nuestros lectores más fieles, el señor Alfajor Popularrr, quién luego de unos días dando vuelta por el hermoso Uruguay y recordó que como buen representante de la alfajomanía hizo sus análisis de alfajoress uruguayos, sin importar que estaba de vacaciones. Eso es un alfajómano digno, si señores, es por eso que les dejo ahora con la primera parte de sus divertidas crónicas alfajorísticas, contándonos además sus aventuras de forma soberbia.

Les recuerdo amigos alfajómanos que ustedes también me pueden enviar sus relatos y reviews al blog, dando su opinión sobre alfajores ya comentados aquí o alguno que hayan probado en otras partes de Argentina y el mundo. Sin más preámbulos los dejo con el relato del señor Alfajor Popularrr:


  Dilemas alfajorísticos en el Uruguay

Llovizna, viento y frío: así es el recibimiento de la inhóspita ciudad de Chuy. Peor es casarse, dicen. Viendo lo que es la terminal de este pueblo fronterizo, me cuesta creerlo.  Lugar fulero si los hay. Desayuno en una cafetería bilingüe mediante, partimos hacia las playas del departamento uruguayo de Rocha, dejando atrás las tórridas pampas gaúchas…

Alfajor Marley o el caretaje cool
Punta del Diablo es la primera escala. Otrora pueblo de pescadores y balneario hippón, hoy es la avanzada del caretaje en la región. Basta darse una vuelta por el descampado que hace las veces de terminal, y prestar atención al público que se agolpa en las bodegas de los colectivos para subir sus tablas de surf, para comprobarlo. Buscando un teléfono público recaigo en un almacén, donde decido comprar algo para almorzar. Cuando estoy por pagar, veo sobre el mostrador una caja de alfajores: Marley-Alfajores bajoneros. El envase, un celofán transparente con un calco que lo identifica. Fondo amarillo, y las previsibles siluetas de un león con la bandera etíope y una hoja de cannabis sativa.

Un diseño muy taaap, como pueden ver


Suelo desconfiar de las asociaciones automáticas entre el reggae, Jamaica, el rastafarismo, Bob Marley y la marihuana, pero debo decir que no pude resistir la tentación de comprarme un ejemplar. Más allá de la cuota de tilinguería cool de la propuesta (que se puede comprobar en el spot siguiente publicitario y en la gacetilla de prensa disponible en http://www.taringa.net/posts/recetas-y-cocina/8046335/Dulce-reggae_-Alfajores-Marley-_Pal_-bajon_.html)

El Marley se destaca en algo que para mí es fundamental en cualquier alfajor: la personalidad. Ese no-sé-qué que hace podamos distinguir a un alfajor de cualquier otro, aun si lo probamos con los ojos cerrados, y que logra que por más que no sea nuestro alfajor favorito le demos una chance cada tanto. 

Yendo al grano, y admitiendo que al momento del test no estaba bajo el efecto de ninguna sustancia psicoactiva más allá de un café con leche y un paquete de Doritos, puedo decir que el Marley viene con un tamaño interesante, acorde con su precio (unos 20 pesos uruguayos, alrededor de 7 pesos argentinos). La cobertura de baño de repostería no se destaca pero tampoco es mala. 

Pero la posta de este alfajor es el momento del primer mordisco, donde el contraste entre la crocancia de las galletitas y la cremosidad del dulce de leche es realmente sorprendente. Mientras que las primeras tienen un color oscuro, el dulce es más bien claro, y se desparrama hacia los costados con facilidad. Esto último, que en cualquier otro caso sería un problema, debe ser una cuestión menor si tenemos en cuenta la velocidad con el que es ingerido cualquier alimento durante el tan mentado bajón. Un alfajor contundente, que recomiendo a todo aquél que se dé una vuelta por estos pagos. Entonces…

Lo bueno: la combinación entre galletita crocante y dulce de leche cremoso. La personalidad.

Lo malo: Esa misma personalidad es medio careta.

Calificación: 4 alfajores sobre 5




Intermezzo: Misterio en Aguas Dulces

Siete de la tarde en el balneario de Aguas Dulces. Gula zarpada, claramente. Hago la fila en un puestito para comer algo. La pachorra de los nativos para atender a la gente puede desesperarnos, pero debemos mantener la calma. Cavilo entre un alfajor de maicena y una tortafrita. En el mostrador veo unos alfajores de tamaño considerable, en un papel celofán transparente. Una única etiqueta los adorna: AGUA HELADA. Lo enigmático del paquete me deja pasmado. Elijo una tortafrita.



Cadbury: la claudicación de la gilada

En Montevideo hace un calor terrible. Sabido es lo difícil que es dar rienda suelta a nuestra pasión alfajorera en pleno verano, con el calor que maltrata a estos maravillosos discos de sabor. Pero existe una solución para aquellos que no aguantamos la tentación de comernos el alfajor que acabamos de comprar en la calle y ni de casualidad vamos a llegar a nuestras casas para enfriarlo en la heladera: los supermercados, dotados del aire acondicionado necesario para que la mercadería se mantenga en buen estado aún en enero. Preso de un súbito entusiasmo me hago de Cadbury Premium – Extra Dulce de Leche, variedad que aún no he visto en tierras argentinas. Pero como no le doy mucha bola a esta marca, no puedo asegurar nada.

Un embalaje como para llamar la atención de Mirtha Legrand
¿Qué decir de este alfajor? ¿Es rico? Sí. ¿Es grande? Sí, tiene un buen tamaño. El dulce de leche es abundante pero no empalaga y el baño de repostería está bien, pero tratándose de un alfajor Premium no le hubiera venido mal un baño de chocolate de verdad. Sin embargo no me convence… ¿cuál es el problema? Bueno, más arriba hablábamos de la importancia de la personalidad para que un alfajor se destaque, y lo que sucede con este Cadbury es que… es muuuuuy parecido, por no decir igual, al viejo y querido Fantoche. Resulta que el alfajor más concheto termina imitando al alfajor pulenta por excelencia, bajonero sin necesidad de andar aclarándolo por ahí para hacerse el piola.

Lo bueno: es un flor de alfajor, como todos los de Cadbury.

Lo malo: ¡es copiado del Fantoche! 

Calificación: 3,5 alfajores sobre 5 (estaba para más, pero tiene penalización por plagio)


En unos días la segunda parte de esta apasionante aventura........