- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Entre los miles de mensajes con insultos y amenazas de muerte que recibo por este blog cada tanto llegan algunos que quieren colaborar, en este caso les reproduzco una anécdota enviada por un alfajómano que es asiduo visitante de este espacio, el señor Alfajor Popularrr. Animo a todos aquellos que tengan sus propias anécdotas (falsas o verdaderas) a que las envíen así pasan a formar parte de este bloque de conocimiento y reflexión. Aca les va:
"Querido Lord Khyron, aquí alfajor popularrr reportándose para hacerle llegar
la anunciada anécdota alfajoril. Le aclaro que no hay ningún compromiso de
publicación. Si no le gusta, cosa altamente probable, no la sube, y ya está.
Y dice así...
Corría el año 1993 y quien esto escribe era un tierno infante que concurría
a primer grado. Por aquellos años, ya despertaba en mí la pasíon por los
alfajores que aún me enorgullece.
Otra gran pasión eran los dibujitos animados, quienes ocupaban buena parte
de mi tiempo libre.
La serie animada que yo miraba antes de ir a la escuela era las "Urracas
Parlanchinas" (o algo así, no recuerdo bien el nombre). Las pasaban por ATC
a la mañana bien temprano, y eran las responsables de que yo raramente
desayunara como correspondía, porque cualquier persona que haya sido un niño
de seis años sabe que es mucho más importante el dibujito que el café con
leche que nos sirve mamá.
"¿Qué tiene que ver todo esto con los alfajores?", se preguntarán ustedes
con justa razón. Pues bien, lo que sucedía es que, al no desayunar bien, a
eso de las diez de la mañana uno estaba...¿cómo decirlo?...famélico. Y como
yo no solía llevar plata para comprarme algo en el quiosco del colegio, la
situación era por lo menos complicada.
Resulta que una mañana, en la que yo estaba singularmente hambriento, decidí
tomar cartas en el asunto y no tuve mejor idea que dar cuenta del apetitoso
alfajor que pertenecía a mi compañerita de banco, María Julia. Debo aclarar
que era costumbre de nuestra nefasta seño Vanesa (si estás leyendo esto,
Vanesa, andá sabiendo que tus alumnos nunca nos olvidamos de vos y te vamos
a odiar toda la vida), hacernos sentar en los bancos dobles de manera mixta
(un varón y una mujer) y rotarnos semanalmente, por lo que la compañía de
banco que nos tocara era fruto del azar (o en todo caso de la voluntad de la
maestra) y no de ninguna afinidad en particular.
No quiero aburrirlos, así que iré al grano: en el segundo recreo, esperé a
que la inocente María Julia se ausentara del banco por un lapso considerable
y silenciosamente tomé el delicioso Milka Mousse (una novedad
primermundista, en aquellos primeros años del menemato) que se encontraba en
el estante del banco.
Queridos lectores, puedo leer sus mentes: "Uff, qué boludez, tanta historia
para contar que se choreó un alfajor".¡No señor! Llegamos al meollo de la
cuestión. Cuando cualquier pelafustán hubiera corrido al baño o a cualquier
lugar solitario para comerse la malhabida golosina, esta mente perversa se
limitó a abrir el paquete del alfajor, darle un sobreano tarascón (de esos
que dejan la huella de cada diente con precisión), y devolver lo que quedaba
del mismo (más de la mitad) al paquete y luego al estante del banco. Todo
esto sin moverse de su silla. Incluso me preocupé por doblar el papel para
que pareciera que aún estaba cerrado. Siniestro.
Con la tranquilidad de los peores psicópatas me dispuse a disfrutar de lo
que quedaba del recreo como si nada hubiera pasado.
Cuando María Julia volvió y descubrió lo que había sucedido, no dudó en
denunciarlo ante la autoridad docente. Inmediatamente se inició la
investigación. Obviamente, yo estaba entre los principales sospechosos, pero
hábilmente aproveché mi ascendiente sobre el grupo para desviar la atención
sobre otros compañeros de menor reputación tales como María José (que encima
era más bien gordita) y Nahuel Derrito. El crimen nunca se aclaró y pasó
rápidamente al olvido. Con los años, se convirtió en una anécdota de nuestro
grupo de amigos. Pero jamás se lo conté a la pobre María Julia, a quién hace
mucho tiempo que no veo.
Si por esas casualidades de la vida, María Julia, estás leyendo estas
líneas, quiero decirte que la película de Macaulay Culkin, "El Ángel
malvado", esa del pibe que parece buenito pero es un demonio, no es tan
verso como parece. Uno puede ser un hijo de puta desde chiquito.
He aquí la historia.Espero haya sido de su agrado.Hasta luego.
Alfajor popularrr"
"Querido Lord Khyron, aquí alfajor popularrr reportándose para hacerle llegar
la anunciada anécdota alfajoril. Le aclaro que no hay ningún compromiso de
publicación. Si no le gusta, cosa altamente probable, no la sube, y ya está.
Y dice así...
Corría el año 1993 y quien esto escribe era un tierno infante que concurría
a primer grado. Por aquellos años, ya despertaba en mí la pasíon por los
alfajores que aún me enorgullece.
Otra gran pasión eran los dibujitos animados, quienes ocupaban buena parte
de mi tiempo libre.
La serie animada que yo miraba antes de ir a la escuela era las "Urracas
Parlanchinas" (o algo así, no recuerdo bien el nombre). Las pasaban por ATC
a la mañana bien temprano, y eran las responsables de que yo raramente
desayunara como correspondía, porque cualquier persona que haya sido un niño
de seis años sabe que es mucho más importante el dibujito que el café con
leche que nos sirve mamá.
"¿Qué tiene que ver todo esto con los alfajores?", se preguntarán ustedes
con justa razón. Pues bien, lo que sucedía es que, al no desayunar bien, a
eso de las diez de la mañana uno estaba...¿cómo decirlo?...famélico. Y como
yo no solía llevar plata para comprarme algo en el quiosco del colegio, la
situación era por lo menos complicada.
Resulta que una mañana, en la que yo estaba singularmente hambriento, decidí
tomar cartas en el asunto y no tuve mejor idea que dar cuenta del apetitoso
alfajor que pertenecía a mi compañerita de banco, María Julia. Debo aclarar
que era costumbre de nuestra nefasta seño Vanesa (si estás leyendo esto,
Vanesa, andá sabiendo que tus alumnos nunca nos olvidamos de vos y te vamos
a odiar toda la vida), hacernos sentar en los bancos dobles de manera mixta
(un varón y una mujer) y rotarnos semanalmente, por lo que la compañía de
banco que nos tocara era fruto del azar (o en todo caso de la voluntad de la
maestra) y no de ninguna afinidad en particular.
No quiero aburrirlos, así que iré al grano: en el segundo recreo, esperé a
que la inocente María Julia se ausentara del banco por un lapso considerable
y silenciosamente tomé el delicioso Milka Mousse (una novedad
primermundista, en aquellos primeros años del menemato) que se encontraba en
el estante del banco.
Queridos lectores, puedo leer sus mentes: "Uff, qué boludez, tanta historia
para contar que se choreó un alfajor".¡No señor! Llegamos al meollo de la
cuestión. Cuando cualquier pelafustán hubiera corrido al baño o a cualquier
lugar solitario para comerse la malhabida golosina, esta mente perversa se
limitó a abrir el paquete del alfajor, darle un sobreano tarascón (de esos
que dejan la huella de cada diente con precisión), y devolver lo que quedaba
del mismo (más de la mitad) al paquete y luego al estante del banco. Todo
esto sin moverse de su silla. Incluso me preocupé por doblar el papel para
que pareciera que aún estaba cerrado. Siniestro.
Con la tranquilidad de los peores psicópatas me dispuse a disfrutar de lo
que quedaba del recreo como si nada hubiera pasado.
Cuando María Julia volvió y descubrió lo que había sucedido, no dudó en
denunciarlo ante la autoridad docente. Inmediatamente se inició la
investigación. Obviamente, yo estaba entre los principales sospechosos, pero
hábilmente aproveché mi ascendiente sobre el grupo para desviar la atención
sobre otros compañeros de menor reputación tales como María José (que encima
era más bien gordita) y Nahuel Derrito. El crimen nunca se aclaró y pasó
rápidamente al olvido. Con los años, se convirtió en una anécdota de nuestro
grupo de amigos. Pero jamás se lo conté a la pobre María Julia, a quién hace
mucho tiempo que no veo.
Si por esas casualidades de la vida, María Julia, estás leyendo estas
líneas, quiero decirte que la película de Macaulay Culkin, "El Ángel
malvado", esa del pibe que parece buenito pero es un demonio, no es tan
verso como parece. Uno puede ser un hijo de puta desde chiquito.
He aquí la historia.Espero haya sido de su agrado.Hasta luego.
Alfajor popularrr"
Comentarios
Saludos, ah! pasaba por aca, y me tentaron los alfajores...perdon! ja
Lord yo a usted le debo algo, no me olvide, pasa que no tuve inspiracion.
Estimado Thotila: no me olvide de usted, espero ansioso sus colaboraciones, y es cierto, nada mejor q joder en la oscuridad y el anonimato
Ahora las minitas me van a dar bola...